miércoles, 28 de febrero de 2018

De cómo llegué a decir no

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Me refiero a madurar en la vida. A dejar de ser bueno e inocente.

A pasar de ser alguien entusiasta que participaba en la empresa aportando ideas, haciendo cursos, leyendo libros de gestión y de lo que fuera, etc... a todo lo contrario como resultado de ver que no da resultados. Que hacer las cosas bien por que sí no es lo importante. También es muy importante a quién dedicas tu tiempo y tu energía vital. Y hay ocasiones en las que debes identificar que no estés regalando flores a los cerdos.

Es fácil decir NO
 

No a hacer cursos de mierda que sólo se te ofrecen para deducir en la seguridad social. Mientras que desde la empresa se pagan caprichos personales de los directivos de mucho más valor y nula productividad en el negocio. En realidad no les importa tu formación y vas a perder tu tiempo personal que podrías dedicar a cualquier otra cosa que te interese a tí.

No a aportar ideas cuando tu jefe no te ha preguntado en dos años ni tan siquiera un "¿qué tal?". Si no se han leído tu CV. Si en el fondo no tienen ni puta idea de lo que eres capaz de hacer o lo que ya estás haciendo bien pero que deliberadamente no quieren reconocerte (vaya a ser que te tengan que pagar más). En realidad te están pidiendo, gratis, más trabajo.

No a hacer favores a la empresa porque lo que se fomenta y premia son los puestos de trabajo de los chulitos, los aprovechados, los que dedican más tiempo a pedir y revisar que otros hagan cosas que en realidad a realizar un trabajo o tarea propia. Y luego esta gente te pide que hagas algo fuera del horario del trabajo. Pues en mi casa mando yo y no me da la gana.

Durante mucho tiempo llevo pensando en escribir sobre cómo entender las características de los directivos de empresas. Entender el hecho que por lo general sean personas:

Que no admitan errores. Y en parte si tienes la responsabilidad de 50 puestos de trabajo poco favor harías si te vienes abajo por un error, te deprimes y te quedas en tu casa llorando en lugar de seguir atendiendo clientes.

Que no estén en contacto con la realidad. Porque generan su propia realidad sobre la que proyectan los pasos a seguir y las acciones a tomar, que en muchas ocasiones son muy arriegadas, pero es que el que no se arriesga o nunca lo intenta, ese seguro que no lo va a conseguir.

Que sean ventajistas y aprovechados. Buscando subveciones por todas partes, los contratos más rateros, mentir para vender, ... Son como los conductores que en un atasco cambian y cambian de carril e intentan pasar por donde no se puede. Y es que en realidad sólo van a ganar unos segundos de tiempo. Pero en negocios esa pequeña ventaja de llegar, aunque sea sólo unos segundos antes, determina que seas el primero en situaciones que sólo puede ganar uno.

En la actualidad no confío que en el futuro existan modelos económicos que permitan eliminar la problemática descrita. Es decir, a día de hoy la ganacia de unos es la pérdida de otros, incluso de aquellos que no han hecho nada para merecer perder. 

Por ello en adelante me centraré en cómo cómo defenderme de este tipo de gente psicópata, reptiliana, aprovechada y carente de sentimientos.

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